Orar las Intenciones

JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN

Marzo 2021

Sacramento de la reconciliación

“Para que vivamos el sacramento de la reconciliación con renovada profundidad, para saborear la infinita misericordia de Dios.”

  • Gracias por tu presencia Señor, ayúdame a acallar las voces que impiden escucharte en el silencio de mi corazón.
  • En esta jornada dame tu Espíritu de Luz y de Amor, que me haga discípulo tuyo, disponible a la misión que me encomiendas en favor de mis hermanos, y en el lugar que me toca ocupar.
  • Concédeme el conocimiento interno de lo que el Papa nos pide en este mes para orientar mi vida de cada día a colaborar con tu Iglesia.

En esta jornada mundial de oración dedicada al Corazón de Jesús, en comunión con nuestro Papa Francisco y en Red queremos bendecirte, darte gracias y rezar juntos por la intención de este mes: “Para que vivamos el sacramento de la reconciliación con renovada profundidad, para saborear la infinita misericordia de Dios.”

Reflexionando este desafío…

Saborear la infinita misericordia de Dios es la síntesis del programa que tenemos en nuestro paso por esta tierra. Tú y yo, todos sin excepción podemos resumir que nuestra primera misión humana es esta. ¿Te pusiste alguna vez a pensar simplemente que el hecho de existir es totalmente gratuito? ¿Te imaginaste alguna vez a tu Padre pensándote cuidadosamente, antes de darte el ser? Ese que es el Creador de todos, sin distinción de raza ni religión, tuvo un primer contacto contigo antes de que seas, y se gozó en cada gozo tuyo y te amó eternamente sin arrepentirse, incluso si tus posteriores elecciones no coincidieran con su proyecto sobre ti.

Después comenzó tu historia concreta en esta tierra y no sin el minucioso cuidado de tu Creador, que conociéndote al detalle supo siempre donde ajustar y donde aflojar, para que tuvieras la oportunidad de elegir bien y escoger aquello que es mejor para tu crecimiento. Él conoce cada escollo y obstáculo que hubo y hay en tu camino, de los cuales no es el autor, pero los permite respetando libertades, y siempre calculando al milímetro lo que te sirve o no, para apartar de ti todo lo que pueda ser un escollo que supere tus posibilidades.

¿Por qué crees que no te detiene cada vez que te alejas de la casa paterna como el hijo prodigo, sino es porque sabe que el regreso será mejor y el vínculo con Él, más estrecho? No queda otra que hacer como María y cantar diariamente: “Su misericordia llega a los que le aman, de generación en generación” (Lc 1, 50). Si te sabes ‘misericordiado’ hasta el extremo, el desborde de alegría sale en forma de canto contagioso a tu alrededor. ¿De qué manera sino, puedes comenzar a participar de la misión de compasión de Jesús por el mundo?

El Papa quiere que hagamos la experiencia profunda de esta Misericordia infinita en lo cotidiano, pero sobre todo a través del sacramento de reconciliación que nos dejó Cristo. ¿Has experimentado ya la impotencia tus fuerzas humanas en el momento de tener que reconciliarte con Dios y con el hermano? Solo la ayuda divina puede hacer el trabajo de raíz. Si te acercas al sacramento del perdón, no mecánicamente, sino en profundidad y de corazón, sabrás por experiencia que es así.  Abundan los testimonios de cambios hondos y abismales de vida, después de una confesión bien hecha. Muchos se han sentido liberados de una atadura misteriosa que no los dejaba ser libres.

Esta es la invitación para este mes: vivir esta experiencia a través de este sacramento, y así permitir que otros quieran romper las ataduras y complicidades con el mal que escondido y camuflado los asfixia. En la carta apostólica “Misericordia et misera”, Francisco se explaya hermosa y sentidamente en el tema, a partir del siguiente pasaje evangélico que te invitamos a recibir en el silencio de tu corazón:

Jn 8,1-11

“Los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer que había sido sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio de todos, dijeron a Jesús: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Y tú, ¿qué dices?”. Decían esto para ponerlo a prueba, a fin de poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, comenzó a escribir en el suelo con el dedo. Como insistían, se enderezó y les dijo: “El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra”. E inclinándose nuevamente, siguió escribiendo en el suelo. Al oír estas palabras, todos se retiraron, uno tras otro, comenzando por los más ancianos. Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí, e incorporándose, le preguntó: “Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Alguien te ha condenado?”. Ella le respondió: “Nadie, Señor”. “Yo tampoco te condeno, le dijo Jesús. Vete, no peques más en adelante”.

San Agustín comentando este pasaje dice: “Quedaron solos, la miseria y la misericordia”. “Jesús ha mirado a los ojos a aquella mujer y ha leído su corazón: allí ha reconocido su deseo de ser comprendida, perdonada y liberada”…“A quien quería juzgarla y condenarla a muerte, Jesús responde con un silencio prolongado, que ayuda a que la voz de Dios resuene en las conciencias, tanto de la mujer como de sus acusadores. Estos dejan caer las piedras de sus manos y se van uno a uno”. (1)  Acusada y acusadores ya son uno, sentados todos en el mismo banquito de ‘los pecadores’. Esto es la obra de la misericordia como lo canta la Virgen: “derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes”, poniendo a todos al mismo nivel de ‘necesitados de perdón.

“Y después de ese silencio, Jesús dice: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Ninguno te ha condenado? Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más»… De este modo la ayuda a mirar al futuro con esperanza y a estar lista para encaminar nuevamente su vida… esta debilidad es superada por el amor que permite mirar más allá y vivir de otra manera. (1)…La misericordia es esta acción concreta del amor que, perdonando, transforma y cambia la vida. (2)

“La celebración de la misericordia tiene lugar de modo especial en el Sacramento de la Reconciliación. Es el momento en el que sentimos el abrazo del Padre que sale a nuestro encuentro para restituirnos de nuevo la gracia de ser sus hijos. Somos pecadores y cargamos con el peso de la contradicción entre lo que queremos hacer y lo que, en cambio, hacemos (cf. Rm 7,14-21); la gracia, sin embargo, … es más fuerte y supera cualquier posible resistencia, porque el amor todo lo puede (cf. 1 Co 13,7)” (8) La gracia divina es lo que hace la diferencia cuando recibimos el sacramento. Es la fuerza del amor todopoderoso en nosotros la que nos restaura para recomenzar ‘nuevos’, para vencer las posibles tentaciones y para crecer más y más en libertad. Este mes estás invitado a comprometerte con este desafío, desde tu propia reconciliación con el Señor y los hermanos a través de este sacramento.

(1)(2)(8) Misericordia et misera

Deja decantar esta reflexión en el corazón…

  • ¿Cuándo fue la última vez que te acercaste a este sacramento?
  • ¿Cómo definirías tu actitud habitual en tus confesiones? ¿Indiferente, mecánicamente, con desgano, vergüenza, cargo de conciencia? O bien ¿de corazón, con la alegría del reencuentro, preparándote al abrazo de reconciliación con quien te ama?
  • ¿Qué podrías hacer de diferente para crecer en una actitud de ‘renovada profundidad’ para recibir el sacramento del perdón?
  • ¿Cómo puedes contagiar a otros, para que conozcan el valor de este regalo que nos hace Dios, a través del sacerdote?

¿Qué queda calando más en tu corazón? Deja decantar en ti esto y quédate con lo que llene tu alma.

Orando la reflexión…

 Tiempo de alianzas
 Hagamos un pacto:
 Tú tenme paciencia,
 que yo tendré valor,
 y entonaremos un canto
 como nunca se ha oído.
  
 Tú pones la fortaleza,
 yo la debilidad.
 Y envueltos en tu abrazo,
 nos lanzaremos
 a buscar la justicia.
  
 Tú pones el horizonte,
 yo la pasión.
 Y hombro con hombro,
 hacia ese destino
 orientaremos la vida.
  
 Hagamos un pacto:
 Tú pones la Verdad,
 yo la inquietud.
 Tu verdad
 y mi inquietud
 se enlazarán
 en la búsqueda más eterna.
  
 Tú pones la Palabra,
 y yo el balbuceo.
 Y entre escuchas,
 eco y silencios
 daremos voz al misterio.
  
 Tú pones la ternura,
 yo, cinco panes
 y dos peces.
 Se saciará el hambre de tantos,
 y aún sobrarán doce cestos.
  
 Tú pones la misericordia,
 yo algunos aciertos,
 y bastantes tropiezos.
 Y en la escuela del perdón
 brotará la sabiduría.
  
 Hagamos un pacto:
 tú quédate a mi lado,
 y yo bailaré contigo. (José María R. Olaizola, sj)  
 

Te bendecimos Jesús por este momento de oración en comunión, por la intención del mes. Quiero ser dócil a lo que me pides cada día para vivir esta fraternidad en Red, con los hermanos que crucen por mi día. Revísteme de tus mismos sentimientos para ser discípulo de tu Amor allí donde esté y con quienes vivo, en favor de este desafío.  Que María, madre de la humanidad, nos ayude.

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