Orar la intención de oración

Invitación inicial

¿Cómo estamos construyendo el futuro de nuestros hijos y del planeta? Es la pregunta que se planteó Francisco frente a los educadores. Después de la familia, la educación es el ámbito por excelencia para formar integralmente a la persona humana en el conocimiento de sí misma, de los demás, del universo y de su Creador.

Observando un poquito el reino animal, contemplamos el celo por asegurar la especie cuidando de los pequeños. La humanidad en su mejor versión también participa de este cuidado, pero paradójicamente, por su libertad mal usada, es capaz de atentar contra ella misma. Cuando el hombre pierde el sentido, cuando ignora de dónde viene y a dónde va, se desentiende de Dios, del hermano y hasta de sí mismo, persiguiendo en vano la felicidad donde no está.

Hoy más que nunca, el Papa llama a los educadores a revertir esta situación, a ser testigos creíbles, a enseñar la fraternidad en lugar de la competencia y a ayudar especialmente a niños y jóvenes para llegar a ser lo que básicamente son: ‘seres humanos’, con ‘corazón verdaderamente humano’ y no de piedra.

Preparar la oración.

Es importante entrar en el silencio de tu corazón, porque te dispone a la escucha de Alguien diferente de tu propia voz. Así que deja pasar los pensamientos y las divagaciones que no tienen que ver con la oración. Entrega por un momento lo que te ocupa y preocupa a los pies del Señor, para poder disponerte a escucharlo a través de lo que Francisco nos pide en este mes.

¿A qué nos llama el Papa? A “una alianza educativa amplia para formar personas maduras, capaces de superar fragmentaciones y contraposiciones y reconstruir el tejido de las relaciones por una humanidad más fraterna”. En tus ambientes, ¿cómo sembrar fraternidad en lugar de división? Francisco nos da algunas pistas: “Si queremos un mundo más fraterno, debemos educar las nuevas generaciones a reconocer, valorar y amar a cada persona más allá de la cercanía física, más allá del lugar del universo donde haya nacido o donde habite”. Jesús maestro cuando se colocó como ejemplo a seguir dijo de sí: ‘sean humildes y mansos como yo, yo vine a servir y no a ser servido’. El amor al que estás invitado implica la acogida del otro como un don que Dios pone en tu camino para ayudarle a desplegar su originalidad, en un respeto profundo y “defender el derecho de cada uno a elegir y actuar según su propia conciencia”.

Que nadie quede en las periferias, cómo Dios no te segrega a ti ni al otro. Para él nadie sobra. Cultivar esta conciencia y ayudar a otros a cultivarla es fundamental a la hora de educar o simplemente de ser testimonio para los demás. “La educación nos compromete a acoger al otro tal como es, no como yo quiero que sea, como es, y sin juzgar ni condenar a nadie”, aceptando el otro en su riqueza personal. Todos con la misma dignidad de hijos de Dios.

Educar y cuidar son sinónimos. Cuidar al otro es cuidar a la creación y es cuidarse uno mismo. “Queremos hoy declarar que nuestras tradiciones religiosas, desde siempre protagonistas de la alfabetización hasta la educación superior, refuerzan su misión de educar cada persona en su integridad, es decir, cabeza, manos, corazón y alma.”

Orar la intención

Deja resonar esto en tu interior, convérsalo con Jesús Maestro y sobre todo deja espacios silenciosos de escucha:

  • ¿Con qué frases te quedas? ¿Qué te dicen a ti? ¿En qué te interpelan?
  • ¿Qué gestos de amor y acogida puedes ofrecer en tu entorno para dar testimonio creíble del Amor de Cristo?
  • ¿Cómo puedes crecer más en fraternidad, en respetar y valorar al otro tal como es?
  • Durante este rato pide para ti y para los educadores, la gracia de ayudar al otro a forjar una vida digna en el desarrollo integral de su persona: “cabeza, manos, corazón y alma”.

Oración por la intención del mes

Jesús, Maestro bueno, como te llamó el joven del Evangelio,
tu vida fue testimonio vivo de amor y acogida.
Nos enseñaste con tu coherencia, que el amor se pone en obras
actuando lo que decías y siendo testigo creíble del amor del Padre.
Contemplándote en el Evangelio entendemos que
sólo podemos comunicar a otros lo que vivimos.
Por eso te pedimos que ayudes a quienes educan 
a que su estilo se parezca al tuyo;
comunicando con actitudes concretas y también con palabras
la fraternidad, el respeto mutuo y el valor de las diferencias.
Que tu Espíritu de Amor infunda en ellos, 
tu manera de proceder con los más frágiles
ayudándolos a forjarse una vida digna 
cimentada en Ti y abierta a los hermanos y hermanas.
Amén

Examinar la oración

Te invito a ver cómo te ha ido en la oración. (Puedes practicar esta relectura al terminar el día o al finalizar los momentos de oración).

  • Mira tu concentración o las distracciones que tuviste … No juzgues, sólo constata lo sucedido como en una película. ¿Has podido orar con atención?
  • ¿Qué sentimientos te dejó la oración, agradables y desagradables? Identifica uno o dos, los más predominantes.
  • ¿A qué te conducen estos sentimientos? ¿Te dan impulso o te paralizan? Quédate solo con lo que te de paz interior, el resto déjalo pasar.
  • ¿Qué propósitos, reflexiones, gestos concretos para realizar, surgen en ti? Realiza una petición y repítela cada día del mes. Anota lo que quieras recordar y te ayude a vivir y encarnar en tu vida cotidiana la intención de oración de este mes.

IMPORTANTE: Busca ayuda para concretizar esa luz recibida que te da alas y te llena de paz.

      Equipo Nacional

      Red de Oración del Papa Argentina – Uruguay

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