Al estilo de Jesús

Domingo II de Cuaresma

¡Qué bien se está aquí!

Jesús conduce a sus discípulos a una montaña alta, lugar por excelencia de encuentro con Dios según la mentalidad semita. Allí vivirán una experiencia religiosa que los sumergirá en el misterio de Jesús. La reacción de Pedro es la más natural, la que ha tenido cualquiera de nosotros al tener una experiencia de encuentro con Jesús: “¡Qué bien se está aquí! Hagamos tres carpas…”.

Pedro quiere detener el tiempo, instalarse cómodamente en la experiencia de lo religioso, huir del mundo y sus problemas. Permanecer en la presencia de Dios desconectado del resto de los hombres. Como tal vez nosotros también deseamos luego de una experiencia de la presencia de Dios en nuestras vidas, tenerlo a Dios, a Jesús a mi disposición.

Jesús, sin embargo, los bajará de la montaña al quehacer diario de la vida. Como Él mismo hizo, pues no hemos de olvidar que, siendo Dios, por amor a nosotros se hizo hombre y vivió nuestra vida. Y los discípulos tuvieron que comprender que la apertura al Dios trascendente no puede ser nunca huida del mundo. A nosotros también nos toca ese aprendizaje.

Quien se abre intensamente a Dios ama intensamente el mundo, todas sus criaturas y todos los inconvenientes que presentan. Quien se encuentra verdaderamente con el Dios encarnado en Jesús siente con más fuerza la injusticia, el desamparo y la autodestrucción de los hombres, por eso se fortalece en el encuentro Él y sale a construir el Reino.

La fidelidad al mundo y los hombres no nos ha de alejar del misterio de Dios. La fidelidad a Dios no nos ha de alejar de la lucha por un mundo más justo, solidario y fraterno.

¿Cuál es tu “aquí”, de la expresión de Pedro? ¿De qué lugar de comodidad espiritual es necesario que desciendas para continuar tu camino hacia Dios?

¡Buena semana!

Fernando Ianchina

Equipo Nacional

Red Mundial de Oración del Papa

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